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I
Perdido en el mar anduve,
Sin brújula alguna de guía.
Cuan náufrago: sin destino,
Cuan tonto: sin sentido
Anhelando de su voz,
Y apreciada compañía.

II
En la noche y en el día,
Me atacó Melancolía,
Mis cuentas al viento rendía
Con moneda devaluada
Entre lágrimas saladas
Y canción sin melodía
Levantaba una poesía
Aquella alma delirante

III
Ya no tenía un norte,
Pues todo allí era incierto:
Si despierto o dormido,
Nada rimaba conmigo.
Porque un náufrago en el mar
Es como un pez fuera del agua:
Muy lejos, la vida que ama.
Sintiendo la brisa entrar
Fluyendo entre sus escamas.

IV
Más un día alcé mis ojos a los montes y vi a aquel
Que desde antes de nacer, por mi nombre Me llamaba
Aquella voz de gracia perforó la oscuridad
Y ese faro iluminó el abismo donde me hallaba.

V
Mis temores, como olas, besan la orilla de su gracia
Y se secan en la arena de su amor.
Puedo sentirme seguro en el puerto en que he encallado
Porque recibo el abrazo del abrigo del Señor.

VI
Han llegado las olas a la orilla.
Han tocado la arena en las costas.
Hoy en día mi alma reposa,
Aún en la brisa tormentosa,
Entre nubes negrosas
Y relámpagos cegantes
La luz del maestro siempre prevalece,
La luz del Maestro, siempre brilla.

Ismael Concepción, 2016.